Un Ministerio para la Madre: por el corazón de Chile

Con profunda emoción saludamos la propuesta de José Antonio Kast de entregar un bono por cada hijo a las madres chilenas. No es solo una política pública inteligente, sino también un acto de justicia largamente postergado. Porque apoyar a las madres es fortalecer el alma misma de nuestra patria. Es reconocer, con hechos concretos, que no hay labor más sagrada, más generosa y más difícil que traer hijos al mundo y criarlos con amor, esfuerzo y coraje.

Pero no basta con bonos ni palabras bonitas. Es tiempo de ir más allá.

Propongo con convicción la creación de un Ministerio de la Madre, que reemplace al actual Ministerio de la Mujer y Equidad de Género. Porque si de verdad queremos construir una sociedad sana, luminosa y con futuro, debemos comenzar por lo esencial: honrar, proteger y promover la maternidad como el pilar más profundo de nuestra cultura y civilización.

Hoy muchas mujeres no quieren ser madres. No porque no sientan el deseo de serlo, sino porque el sistema económico, la presión social y ciertas ideologías antinaturales les dicen que la maternidad es un atraso, una carga o incluso una “opresión”. Les dicen que la libertad está en evitar tener hijos, que es mejor abortar, que es mejor postergar la vida familiar por una carrera individual. Esa es una trampa que conduce al vacío.

Chile no debe seguir ese camino. En vez de incentivar el aborto, debemos incentivar la vida.

La maternidad es el acto más grande de amor y valentía. No hay mayor patriota que una madre que cría a sus hijos. Ella construye la patria en silencio, en la cocina, en las noches sin dormir, en las enfermedades de los hijos, en las tareas escolares, en los abrazos y en los consejos.

Ser madre no es una etapa. Es un trabajo de por vida. Y esa madre que cuida, que educa, que sostiene a su familia, es también la mujer más amada: por su pareja, por su marido, por sus hijos y, más adelante, por sus nietos.

Pero no basta con amor. También necesitan tranquilidad económica, seguridad, tiempo, salud mental, redes de apoyo reales. No basta con flores en el Día de la Madre. Hay que darles certezas, dignidad y respaldo permanente.

Las madres solas, además, cargan con una cruz aún más pesada. Muchas veces sin apoyo del padre de sus hijos, enfrentan la vida con una fuerza admirable. ¿Y quién está a su lado cuando todo falta? Otra madre. La abuela. La madre de la madre. Siempre una madre.

Sin madres no hay patria.

Y por eso, crear un Ministerio de la Madre no es un capricho ni una nostalgia: es un deber moral, una necesidad de supervivencia y un acto de verdadero progreso.

Cada ser humano debe detenerse un momento y dar gracias por su madre. Si aún la tienes cerca, no pierdas tiempo: abrázala con fuerza, mírala a los ojos y dile cuánto la amas. Si está lejos, llámala, escúchala, hazle sentir que sigue siendo el corazón de tu vida. Y si ya partió de este mundo… entonces honra su memoria con amor, con tus actos, con la persona en que te has convertido gracias a ella.

Que hoy cada uno cierre los ojos y recuerde a su madre. Que escuche en el alma su voz dulce llamándonos por nuestro nombre, que sienta el perfume que dejaba al pasar, la suavidad de su mano acariciando nuestra frente en las noches difíciles. Que reviva todo lo que hizo por nosotros sin pedir nunca nada a cambio, porque su amor era infinito.

Y que en ese recuerdo se nos llene el pecho. De gratitud, de emoción, de lágrimas si es necesario… pero también de fuerza y esperanza. Porque si tuvimos una madre que nos amó, entonces fuimos profundamente bendecidos.

Chile será grande si pone a la madre en el centro.
No hay política más moderna ni más revolucionaria que devolverle el lugar que siempre debió tener: el primer lugar.

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