El Espíritu de Israel Vive en los Patriotas de Chile

ISRAEL Y CHILE: UNA MISMA MISIÓN, UN DESTINO DE GRANDEZA
Por Ariel Markovits

En las arenas del desierto y bajo amenazas constantes de aniquilación, los judíos levantamos un país que hoy asombra al mundo: Israel, una nación pequeña en territorio pero inmensa en espíritu, innovación, moral y capacidad militar. Un pueblo que salió de los hornos de Europa para construir un jardín floreciente entre enemigos, desiertos y escasez. Hoy Israel es líder mundial en ciberseguridad, agricultura, medicina, defensa civil, y tecnología. Todo esto no es un milagro caído del cielo: es el resultado de un carácter forjado en la historia, del alma judía que se niega a rendirse, que transforma el dolor en propósito.

Israel representa lo que sucede cuando una nación se basa en valores eternos: la familia, la fe, el trabajo, la defensa de los suyos, la educación como pilar, el respeto por la ley y la voluntad de sacrificarse por algo más grande que uno mismo.

Esa es también la misión de los judíos en la diáspora, especialmente en países como Chile, donde aún hay espacio para construir grandeza.


CHILE: LA HERMANA LATINOAMERICANA DE ISRAEL

Chile tiene todo para ser la gran potencia moral y económica de América Latina. Tiene recursos naturales, una geografía privilegiada, una historia rica, un pueblo trabajador y un alma profundamente conectada con la búsqueda de justicia y libertad. Pero más aún, tiene una herencia judeocristiana que puede volver a ser el corazón de su desarrollo.

Nuestra misión —los judíos en Chile, y todos los chilenos que aman a Israel— es unirnos con nuestros hermanos cristianos, evangélicos y católicos, patriotas, emprendedores y soñadores, para hacer de Chile un modelo para el mundo, centrado en valores que construyen civilizaciones fuertes:

  • La defensa de los más débiles.
  • El respeto a la ley y al orden.
  • La excelencia en educación, salud e infraestructura.
  • La lucha contra la corrupción y el abuso.
  • El fomento del trabajo, el mérito y el emprendimiento.

Pero todo esto solo es posible si cuidamos lo más sagrado de una nación libre: su República.


NUNCA MÁS CONTRA LA REPÚBLICA

Chile ya vivió el colapso de su convivencia democrática. Hubo un tiempo en que el poder fue utilizado para desmantelar las bases institucionales, amenazando la libertad, el orden y la propiedad de millones de ciudadanos. Y como si eso no bastara, la respuesta a ese desmantelamiento no fue una corrección moral, sino otra herida: la supresión de la democracia por la vía de la fuerza.

Ambos caminos son, y deben ser siempre, inaceptables en una República moderna. La justicia no puede ni debe proteger a quienes desde el poder traicionan la institucionalidad, ni tampoco a quienes, por desesperación o ideología, la reemplazan por la fuerza.

Chile necesita un nuevo pacto moral, un juramento cívico que diga: nunca más se justificará un abuso de poder, venga de donde venga. Nunca más se tolerará la destrucción de la democracia en nombre de ninguna causa.


RECORDAR A NUESTROS PRÓCERES

Chile supo tener grandes hombres. Prat, que dio su vida con honor, sin dudar. Portales, que entendía que sin orden no hay progreso. O’Higgins, que soñó con una nación soberana y digna. Alessandri, que puso al país por delante de todo. Ellos no habrían aceptado ver una nación dividida por el odio o sometida al caos.

Hoy tenemos todos los ingredientes para levantar nuevamente a la patria. Lo hicimos en la época del salitre, cuando Chile era respetado por su desarrollo. Lo volvimos a hacer en los 90, cuando la estabilidad trajo oportunidades y esperanza.

Pero esta vez debemos hacerlo bien, con una ética clara: el crecimiento debe llegar a todos, especialmente a los más pobres, los más invisibles, los que madrugan y no tienen voz.


UN FUTURO DE ESPERANZA

En un mundo que se derrumba en el caos, el odio y el relativismo, Israel y Chile pueden caminar juntos como faros de luz. Uno en Medio Oriente, otro en el sur del mundo, ambos guiados por la misma llama: la del propósito, la verdad, la justicia y la dignidad.

Soñemos juntos un Chile que sea potencia, no sólo por su economía, sino por su alma. Que sea ejemplo en salud pública, en educación sólida, en ciudades limpias, seguras y humanas. Que sus jóvenes quieran quedarse porque vale la pena vivir aquí. Que volvamos a ser una nación que honra a sus padres, respeta la autoridad, cultiva el conocimiento y cuida al débil.

Sí, se puede. Pero requiere carácter. Y el carácter no se hereda: se construye. Como lo hicimos en Israel. Como lo hicieron nuestros próceres. Como lo haremos nosotros.

Am Israel Jai. Viva Chile. Viva la alianza judeocristiana que cambiará la historia.

Que Dios Bendiga a Chile

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