🌱 MUNICIPIOS PARA LA GENTE: UNA REFLEXIÓN NECESARIA EN TIEMPOS DECISIVOS


Por Ariel Markovits Rojas

En estos días en que Chile vuelve a discutir el rumbo del país, he pensado mucho en nuestras comunas, en nuestros barrios, en la vida cotidiana de millones de familias que no se sienten parte de ninguna élite política ni de ningún centro de poder. Personas trabajadoras, creyentes o no, vecinos que se conocen, se ayudan y comparten las mismas preocupaciones: seguridad, limpieza, espacios públicos dignos, educación, oportunidades para los niños y apoyo para los adultos mayores.

Mientras el país debate grandes ideas a nivel nacional, me pregunto si no hemos olvidado algo esencial:
que la verdadera vida ocurre en la comuna.

Ahí donde criamos a nuestros hijos, donde crecimos, donde celebramos, donde lloramos, donde caminamos de noche con temor o con tranquilidad. Ahí donde el Estado toca la piel.

Durante años, los partidos han intentado gobernar las comunas como si fueran pequeñas repúblicas ideológicas. Pero la realidad es otra:
en los municipios, la gente no pide “derecha” o “izquierda”.
Pide soluciones.
Pide que las cosas funcionen.
Pide que alguien escuche.

Y creo sinceramente que ha llegado el momento de hacernos una pregunta profunda, sin rabia pero con valentía:

¿No ha llegado la hora de que el poder comunal vuelva a los ciudadanos?

No hablo de una ruptura, sino de un equilibrio.
De poner cada cosa en su lugar.
De devolverle a la comunidad la capacidad de gobernar lo que le pertenece: su territorio, su barrio, su hogar.

Hoy vemos algo curioso y preocupante:
Los partidos buscan personas populares, queridas y confiables en las comunas para presentarlas como candidatos. Buscan líderes sociales, emprendedores, dirigentes vecinales, pastores, deportistas, profesionales respetados.
Y eso está bien: la popularidad bien ganada es un mérito.

El problema es que ese buen ciudadano —honesto, trabajador, con vocación local— una vez elegido queda atrapado en la presión del partido, que poco aporta en la gestión diaria y mucho dilata las decisiones.
Termina rodeado de instrucciones, negociaciones internas, peleas que no entiende, y exigencias que nada tienen que ver con la realidad de su comuna.

Así, el ciudadano ejemplar pierde libertad.
El partido gana un cargo, pero la comunidad pierde un líder.

Por eso debemos hacernos una pregunta honesta:
¿No sería mejor que los ciudadanos administren sus comunas sin la carga partidista?

La política nacional necesita partidos.
Necesita ideologías.
Necesita debates programáticos.
Ese es su espacio natural.

Pero en las comunas…
En las comunas lo que se necesita es gestión.
Cercanía.
Orden.
Pragmatismo.
Conocimiento del territorio.
Responsabilidad hacia el vecino, no hacia una directiva en Santiago.

Imagino un Chile donde:

  • los alcaldes y concejales surjan de primarias ciudadanas abiertas,
  • donde las juntas de vecinos, iglesias, clubes deportivos, emprendedores y organizaciones sociales elijan a quienes realmente conocen su realidad,
  • donde los partidos colaboren respetuosamente, sin intervenir y sin presionar,
  • donde el municipio sea un hogar administrativo, no un botín político.

Imagino un país donde la política nacional y la gestión ciudadana local no compiten, sino que se complementan.
Dos niveles distintos, trabajando juntos por el bien común.

Si hacemos esto, Chile recuperará algo que hemos perdido:
la confianza en nosotros mismos.

No escribo estas líneas para criticar, sino para abrir un debate necesario.
Para invitar a reflexionar sobre un modelo que podría sanar nuestra democracia desde lo más pequeño y, por lo mismo, desde lo más profundo.

Hoy, más que nunca, debemos atrevernos a imaginar un Chile donde la vida cotidiana sea gobernada por quienes viven en ella, y la gran política por quienes la estudian, la debaten y la proyectan.

Porque el futuro del país también se escribe en cada calle, en cada plaza y en cada barrio donde late el corazón de nuestra gente.


**✨ LAS COMUNAS PARA LOS CIUDADANOS.

LA POLÍTICA PARTIDISTA PARA EL CONGRESO Y LA MONEDA.**


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