
Por Ariel Markovits, 20 de diciembre de 2024
Chile está enfrentando un fenómeno devastador que se extiende desde las calles hasta los pasillos de los organismos internacionales: el uso político de conceptos como derechos humanos, justicia y paz para destruir democracias, demonizar a sus opositores y fomentar el odio. Hoy, esta maquinaria propagandística, que ya arrasó con nuestra nación durante el estallido social, tiene un nuevo blanco: Israel.
El presidente Gabriel Boric, junto con ONGs, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) y organismos como la ONU y la Corte Penal Internacional (CPI), se ha convertido en parte de un engranaje global que utiliza el conflicto palestino-israelí no para buscar justicia, sino para cumplir una agenda destructiva. Detrás de discursos emotivos y acusaciones manipuladas, se oculta un peligroso propósito: desviar la atención de los graves problemas de Chile y debilitar los pilares fundamentales de las democracias liberales.
El mismo libreto que destruyó Chile
¿Recuerdan 2019? Las calles incendiadas, las estaciones de metro destrozadas, los hospitales vandalizados y una nación paralizada mientras Carabineros era atacado desde todos los frentes. ¿Qué pasó entonces? El INDH, ONGs de derechos humanos y hasta la ONU se alinearon para condenar a quienes intentaban proteger la paz social, mientras se legitimaban las acciones de grupos violentos que buscaban el caos.
Hoy, esa maquinaria tiene un nuevo objetivo: Israel. Con el mismo libreto que destruyó nuestra confianza en las instituciones chilenas, ahora intentan deslegitimar al único Estado judío del mundo, acusándolo de genocidio y apartheid. ¿El objetivo? No es justicia para los palestinos, sino el uso de este conflicto como una herramienta para aumentar el antisemitismo y desviar la atención de los problemas reales que enfrenta Chile.
Organismos internacionales como armas políticas
La ONU, la CPI, el INDH y otras ONGs que deberían defender la imparcialidad se han convertido en herramientas de una agenda ideológica. En lugar de ser guardianes de la justicia, hoy son instrumentos que demonizan a los defensores de la estabilidad mientras protegen a los verdaderos agresores.
En el caso de Israel, la narrativa internacional se alinea para condenar cada acción legítima de defensa, mientras guarda silencio ante los crímenes atroces de grupos como Hamás, que utiliza a civiles como escudos humanos y promueve abiertamente el odio y la destrucción.
En Chile, estas mismas organizaciones culparon a Carabineros de violaciones de derechos humanos, ignorando que su labor era proteger a los ciudadanos de un país que estaba siendo destruido desde adentro. No buscan justicia, buscan poder.
La manipulación del bien común como arma
El discurso de los derechos humanos, que debería ser universal, ha sido secuestrado por una izquierda que no busca defender a los oprimidos, sino aplastar a sus opositores políticos. Al demonizar a Israel, desvían la atención de los problemas de inseguridad, pobreza y corrupción que asfixian a Chile.
Boric y sus aliados están usando a Israel como chivo expiatorio, aprovechándose de la ignorancia y la emotividad de las masas para fomentar un antisemitismo peligroso y dividir aún más a la sociedad chilena. Esto no es nuevo. Es la misma estrategia que usaron para justificar la violencia en Chile en 2019, donde la destrucción se presentó como «protesta legítima».
Una inquisición moderna
Hoy estamos presenciando una inquisición moderna, donde cualquier nación o institución que no se someta a los dogmas de la izquierda es marcada como culpable. El objetivo no es defender a los palestinos ni proteger los derechos humanos, sino destruir a quienes representan un modelo democrático y exitoso que desafía sus narrativas.
Israel, una democracia vibrante rodeada de dictaduras y grupos terroristas, es un blanco fácil para esta propaganda. Del mismo modo, en Chile, Carabineros y otras instituciones fundamentales fueron demonizados para justificar una agenda que busca la destrucción del sistema democrático.
Una crueldad sin límites
La maquinaria propagandística pro-palestina no tiene interés en aliviar el sufrimiento de los civiles en Gaza; al contrario, su objetivo es maximizarlo. No buscan soluciones reales, como abrir pasos fronterizos seguros hacia Egipto, sino que insisten en mantener a los gazatíes atrapados en un conflicto perpetuo para usar sus muertes como armas contra Israel.
¿Por qué nadie exige a Egipto abrir su frontera con Gaza? Cuando el conflicto afecta a Siria o Ucrania, la comunidad internacional clama por corredores humanitarios y aperturas de fronteras. Sin embargo, en Gaza, el silencio es ensordecedor. Esto no es casualidad: mientras más gazatíes sufran y mueran, más eficaz es la narrativa para atacar a Israel.
La verdadera cara de la propaganda: No se trata de ayudar a los palestinos, sino de generar imágenes de sufrimiento extremo para movilizar la opinión pública mundial contra Israel. Cada muerte, cada imagen desgarradora, es parte de una estrategia que utiliza a los gazatíes como peones en un juego cínico y cruel.
La manipulación del sufrimiento humano
Este uso deliberado del sufrimiento humano no es nuevo. Es el mismo patrón que vimos en Chile durante el estallido social, cuando la violencia y la destrucción se presentaron como «luchas legítimas» mientras las instituciones encargadas de mantener el orden eran atacadas sin piedad. Ahora, ese mismo discurso se exporta al escenario internacional, donde Israel es demonizado por defenderse mientras los líderes de Hamás, que controlan Gaza con mano de hierro, son retratados como víctimas.
Hamás como verdugo: Hamás no solo lanza cohetes indiscriminados contra civiles israelíes, sino que también impide que los gazatíes escapen del conflicto. Usa escuelas, hospitales y mezquitas como almacenes de armas y bases militares, asegurándose de que los civiles queden atrapados en la línea de fuego. Esto no es un accidente; es una táctica diseñada para maximizar el número de muertos y heridos civiles.
El objetivo final: destruir a Israel a cualquier costo
La narrativa pro-palestina que promueve Boric y sus aliados no busca justicia ni paz. Su único objetivo es deslegitimar a Israel y destruirlo. Utilizan conceptos como derechos humanos y justicia internacional no para proteger a los inocentes, sino para justificar el terrorismo y la violencia.
El sufrimiento de los palestinos no es un error de la estrategia, es el centro de ella. Mientras más muertos palestinos, mayor es el impacto emocional de la propaganda, y más fácil es movilizar a las masas contra Israel. Es una táctica que no tiene límites morales ni éticos, y que utiliza a los propios palestinos como carne de cañón para alimentar su agenda destructiva.
Un doble estándar inmoral
Ucrania y Siria vs. Gaza: Cuando se trata de Ucrania o Siria, la comunidad internacional exige soluciones inmediatas, apertura de fronteras y ayuda humanitaria. Sin embargo, en Gaza, estas exigencias desaparecen. Nadie presiona a Egipto, el único país que podría abrir un corredor seguro para los palestinos. ¿Por qué? Porque mantener a los gazatíes atrapados y sufriendo es parte del plan para demonizar a Israel.
La hipocresía de las ONGs y la ONU: Estas organizaciones, que deberían ser imparciales, se han convertido en herramientas de una agenda ideológica. Guardan silencio ante las atrocidades de Hamás, mientras condenan a Israel por defenderse de ataques que ningún otro país toleraría.
El rol de Boric y la izquierda chilena
El presidente Boric, lejos de buscar una postura equilibrada, se ha convertido en portavoz de esta narrativa, utilizando su plataforma para fomentar el antisemitismo y desviar la atención de los problemas reales de Chile: una economía estancada, una delincuencia descontrolada y una crisis institucional profunda.
Al atacar a Israel, Boric y sus aliados no solo perpetúan el sufrimiento de los gazatíes, sino que también alimentan un clima de odio en Chile que divide a la sociedad y pone en riesgo a la comunidad judía local. Este discurso no tiene nada de solidario ni progresista; es una herramienta de manipulación política que utiliza el conflicto en Gaza como excusa para implementar una agenda de división y destrucción.
Un llamado a la razón y a la humanidad
Chile no puede seguir siendo cómplice de esta propaganda destructiva. Es hora de levantar la voz contra quienes utilizan el sufrimiento humano como herramienta política. Israel tiene derecho a defenderse, y los gazatíes tienen derecho a vivir en paz y dignidad, algo que nunca lograrán mientras Hamás y sus aliados internacionales sigan promoviendo el conflicto como su principal estrategia.
No podemos permitir que la narrativa de Boric y sus aliados siga dividiendo a nuestro país y demonizando a Israel. Es momento de exigir responsabilidad, rechazar la manipulación y trabajar por una verdadera justicia que no esté basada en el odio ni en la destrucción. El futuro de nuestras democracias depende de ello y en las próximas elecciones tenemos el poder de expulsar del gobierno y el parlamento a los difamadores, promotores del odio y de la destrucción de nuestra amada patria.
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