Un Plan Divino para la Unidad y la Defensa de Nuestros Valores en 2025

Un Plan Divino para la Unidad y Defensa de Nuestros Valores en 2025

Este año, 2025, es un tiempo que nos desafía como humanidad, como sociedades y como individuos. Enfrentamos una encrucijada donde no solo están en juego nuestras democracias, nuestras familias y nuestras patrias, sino el alma misma de nuestros valores más preciados. En este momento crucial, el llamado divino nos invita a recordar nuestras raíces judeocristianas, a defenderlas con coraje y valentía, y a trabajar unidos como hermanos de fe para enfrentar las amenazas que se ciernen sobre nosotros.


El plan divino: dos caminos que se entrelazan

La historia de la humanidad no es una casualidad; es un plan divino que nos guía hacia la luz. El pueblo judío, el primero en recibir la Torá, asumió la misión sagrada de custodiar y preservar las palabras del Creador, un pacto eterno con Dios. En su esencia, los judíos se convirtieron en un faro, en un ejemplo de fe y resistencia, transmitiendo el mensaje de Dios de generación en generación.

Pero el mundo necesitaba más. La humanidad, atrapada en el paganismo y las pasiones desmedidas, necesitaba escuchar este mensaje con una voz nueva, con un lenguaje que pudiera llegar a los corazones de todos los pueblos. Y así, según el plan divino, vino Jesús, un hijo del pueblo judío, para universalizar la luz de la Torá. Aunque rechazado por los líderes judíos de su tiempo, este rechazo no fue un error, sino una puerta que se abrió para que su mensaje pudiera expandirse y transformar el alma de las naciones.


El antisemitismo: una sombra de la humanidad

Durante siglos, el alma grecorromana, con su orgullo y prejuicios, contaminó el cristianismo naciente, dando lugar al antisemitismo. Pero este odio no provenía del mensaje de Jesús. Él nunca llamó a dividir, sino a amar, nunca buscó excluir, sino unir. Es un dolor inmenso reconocer cómo ese antisemitismo envenenó a generaciones, sembrando odio entre hermanos.

Sin embargo, el mensaje de Jesús fue más fuerte. A lo largo del tiempo, transformó corazones, sociedades y líderes, enseñándoles que judíos y cristianos no son enemigos, sino aliados, hermanos unidos por la misma fe en el Dios único. Hoy, ese odio casi ha desaparecido, y en su lugar surge el reconocimiento de que el judaísmo y el cristianismo son dos ramas de un mismo árbol, el árbol de la vida.


Judíos y cristianos: unidos como hermanos

En este momento de grandes desafíos, judíos y cristianos debemos recordar que nuestra misión es una misma: iluminar al mundo con los valores de Dios. Nuestra fe compartida en la dignidad humana, en la justicia y en la familia nos llama a unirnos con amor y compromiso. Es tiempo de derribar barreras y trabajar juntos, porque nuestras raíces son las mismas, y nuestro futuro depende de nuestra capacidad de actuar como hermanos.

  • Judíos: Ustedes son los guardianes de la Torá, la chispa original que mantiene vivo el pacto divino.
  • Cristianos: Ustedes son los mensajeros que llevaron esa luz a los rincones más oscuros del mundo.
    Juntos, somos más fuertes. Juntos, somos la esperanza de la humanidad.

Las amenazas que enfrentamos

Hoy, nuestros valores judeocristianos están bajo ataque. No podemos cerrar los ojos ante las fuerzas que buscan destruir el alma de nuestras sociedades:

  1. El comunismo y el progresismo extremo: Ideologías que niegan a Dios, atacan la familia y destruyen la libertad.
  2. La ideología «woke»: Un movimiento que divide y destruye, sembrando odio y resentimiento en lugar de unidad.
  3. El islam extremo: Una fuerza que busca imponer la intolerancia y erradicar la libertad religiosa y los derechos fundamentales.
  4. Que une a estas ideologias: Odio, odio y odio es su gran motor, odian a los judios, cristianos a Israel y a los valores de la Republica, a las familias y a los patriotas.

Estas amenazas no solo atacan nuestras democracias y nuestras familias; atacan nuestra esencia, nuestra herencia, nuestra conexión con lo divino.


El llamado al coraje

Defender nuestros valores no será fácil. Requiere valentía. Requiere sacrificio. Pero también requiere amor: amor por nuestras familias, amor por nuestras patrias y, sobre todo, amor por el Creador que nos dio esta misión sagrada.

  • Defendamos nuestras democracias, porque son un reflejo de la dignidad humana y la libertad que Dios nos otorgó.
  • Protejamos nuestras familias, porque son el núcleo donde se transmite la fe y los valores de generación en generación.
  • Amemos nuestras patrias, porque son el hogar donde construimos juntos un futuro mejor.

Un renacimiento judeocristiano

Hoy es el tiempo de un nuevo renacimiento. Un renacimiento que combine la profundidad del judaísmo con la universalidad del cristianismo. Un renacimiento que nos inspire a reconstruir nuestras sociedades desde la base, defendiendo lo que es verdadero, bueno y eterno.

Jesús dijo: «Ama a tu prójimo como a ti mismo». Este es el llamado más poderoso para judíos y cristianos: apoyarnos, respetarnos y amarnos como hermanos. Juntos, podemos enfrentar cualquier amenaza. Juntos, podemos llevar luz a un mundo que lucha contra la oscuridad.


Conclusión

En 2025, el plan divino nos llama a actuar con fe, coraje y unidad. No estamos solos. Dios nos dio esta misión, y si caminamos juntos, judíos y cristianos, no hay fuerza que pueda destruir los valores que nos sostienen.

Es tiempo de levantarnos. Es tiempo de luchar. Pero sobre todo, es tiempo de amar, porque en ese amor encontramos nuestra fuerza, nuestra esperanza y nuestro propósito eterno.

Ariel Markovits

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