El alma de Chile ha vuelto

No siempre una entrevista política logra ir más allá de la coyuntura. Ayer, escuchando la conversación entre Eduardo Feinmann, periodista argentino y Guillermo Holzman,analista chileno, no apareció el ruido habitual ni la opinión liviana. Apareció algo mucho más escaso hoy: seriedad, sobriedad y honestidad intelectual.

Holzman analizaba sin caricaturas, sin consignas, sin necesidad de agradar. Hablaba con rigor, con respeto por los hechos y por las personas. Y desde ese lugar —el único realmente valioso en política— fue describiendo un lider politico como Kast, consistente, democrático, correcto.

Fue entonces cuando el entrevistador, Eduardo Feinmann, dijo algo revelador: que sentía una envidia sana al observar un liderazgo y una élite política de ese nivel. No admiración ideológica, sino respeto humano y cívico.

Ese momento importa. Porque cuando la observación nace desde la honestidad intelectual, lo que se expresa no es propaganda, sino verdad.

Y la verdad que se asomaba era clara:
esto no es solo un fenómeno electoral. Es un reencuentro con la identidad chilena.

José Antonio Kast no representa únicamente a un sector político. Representa al chileno profundo, al que no necesita levantar la voz para hacerse respetar. Al chileno bien educado, sin arrogancia. Al cristiano sincero, sin fanatismo. Al hombre correcto, sencillo, amable, que cree en la democracia no como consigna, sino como forma de vida.

Ese chileno silencioso y trabajador, empático sin victimismo, firme sin violencia. El que entiende que la autoridad nace del ejemplo. El que cumple su palabra. El que sabe que el progreso real se construye con disciplina, no con rabia.

El chileno que trabaja callado, con constancia, con humor fino, con una copa de vino tinto al final del día y la conciencia tranquila.

Ese es Chile.
Ese fue siempre el corazón de Chile.

Durante años se intentó instalar la idea de que la sobriedad era frialdad, que la corrección era debilidad, que la educación era elitismo. El resultado fue un país más ruidoso, más crispado, más desconfiado de sí mismo.

Hoy algo empieza a ordenarse.

No desde la soberbia.
No desde la revancha.
Sino desde la recuperación de un carácter profundo.

Chile fue luz en Latinoamérica no por gritar más fuerte, sino por hacer mejor las cosas. Por su institucionalidad. Por su seriedad. Por su confiabilidad. Por una ética del trabajo y del respeto que se transmitía sin discursos grandilocuentes.

Volver a eso no es retroceder.
Es volver a ser.

Por eso lo que estamos presenciando no es solo un liderazgo político emergente. Es algo más hondo: el alma de Chile recordándose a sí misma. Una alma buena, trabajadora, educada, firme y humana que nunca desapareció, pero que estuvo demasiado tiempo en silencio.

Porque Chile no nació del ruido ni del resentimiento.
Nació del orden Republicano, del respeto por la ley, del deber antes que el derecho, de la convicción profunda de que la libertad solo es posible cuando hay responsabilidad.

Eso lo entendieron nuestros próceres.
Lo entendió Diego Portales, cuando habló de autoridad moral antes que de fuerza.
Lo entendió Andrés Bello, cuando puso la educación y el derecho como cimiento de la República.
Lo encarnó Arturo Alessandri en su momento histórico, y más tarde Patricio Aylwin, cuando Chile volvió a caminar por la senda del respeto, la prudencia y la convivencia democrática.

Todos distintos, pero unidos por una misma idea:
Chile se construye con carácter, no con estridencia.
Con deber, no con odio.
Con instituciones, no con consignas.

Por eso, cuando hoy hablamos de un reencuentro con nuestra identidad, no estamos inventando nada nuevo. Estamos recordando lo que siempre nos hizo grandes. Una República seria, sobria, humana. Firme sin ser cruel. Democrática sin ser débil.

El alma de Chile no es revolucionaria ni arrogante.
Es Republicana.
Y cuando esa alma vuelve a ponerse de pie, no necesita aplausos.

Solo necesita hombres y mujeres dispuestos a caminar derecho, como lo hicieron antes quienes levantaron este país.

Que Dios Bendiga a Chile

2 respuestas a “El alma de Chile ha vuelto”

  1. Hola. Sólo decir que lo escrito resume muy bien un hecho que estaba quedando en el olvido, y me refiero en este caso a lo que llevamos años experimentando, y que por algún motivo no determinado todavía en plenitud, habíamos dejado de defender, y me refiero al tan simple concepto del «sentido común».

    Gracias.

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  2. Avatar de Christian Lomakin S.
    Christian Lomakin S.

    Maravilloso articulo, don Ariel. El alma de Chile, siempre estuvo ahi. Pero muchos, no la quisieron ver.

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