El temple de una Nación

La política real, esa que se hace por amor verdadero a la Patria y no por el aplauso fácil o la comodidad, es un camino profundamente difícil. Quienes deciden dar el paso y entrar a la cancha pública sabiendo cómo está el país, asumen desde el primer día que el costo personal y familiar va a ser altísimo. Ayer, en los pasillos de La Moneda, se vivió una jornada de emociones intensas, de esas que aprietan el corazón. Ver dejar sus cargos a mujeres de la valentía, el rigor y la entrega de Trinidad Steinert y Mara Sedini nos genera una profunda nostalgia, pero por sobre todo, un orgullo gigante.

Servir a Chile hoy exige una entrega total. Son meses de sacarse la mugre trabajando sin descanso, de sol a sol, construyendo soluciones en silencio y logrando resultados concretos que le devuelven la esperanza a las familias, aunque muchas veces eso no salga en la televisión. Pero en esta tarea, las presiones, las percepciones y la urgencia del día a día son parte del juego. A las Ministras Steinert y Sedini les tocó liderar, en el arranque de este Gobierno, dos de las trincheras más complejas y expuestas: la seguridad pública y la vocería. Lo hicieron con las botas puestas, con una lealtad a toda prueba y con un amor por Chile que no conoció de pausas. A ambas, mujeres de valores inquebrantables: gracias infinitas por haber dejado la piel por nuestra Patria.

«A este Gobierno se le eligió por una razón clara: porque los chilenos decidieron respaldar perfiles directos, personas de valores firmes y ciudadanos decididos que no temen tomar decisiones difíciles cuando el país más lo necesita.»

Que nadie se confunda: este ajuste de piezas no significa cambiar el rumbo, sino reordenar las fuerzas para acelerar el paso. Quienes hoy lideran el país no llegaron a los ministerios a buscar comodidad ni a mirar cómo la crisis pasa de largo; llegaron a resolver los problemas de frente. La gente nos dio un mandato clarísimo: ser consecuentes. Por eso, hoy más que nunca, el Gobierno debe mantenerse firme como una roca en sus reformas de fondo. Recuperar la paz en nuestras calles, ordenar las fronteras y defender al Chile que trabaja son compromisos sagrados que no se van a transar.

Gobernar es un acto de templanza y de valientes. Aunque hoy sintamos la pena de despedir a dos grandes compañeras de equipo que lo dieron todo en este primer tiempo, nos levantamos con el doble de energía. Porque este proyecto no le pertenece a un partido político ni a unos pocos; le pertenece a los millones de chilenos que se cansaron de la delincuencia, del miedo y de las promesas que se quedan en el aire.

Un llamado a todos los chilenos de bien

Por eso, este es un llamado con el corazón en la mano a cada rincón de nuestra tierra: al trabajador que se levanta de madrugada, a las madres que defienden con garras a sus familias, al emprendedor que la pelea contra viento y marea, y a cada chileno de bien, independientemente de su color político. Esta causa nos supera a todos.

¡Súmense a este gran Gobierno, que es de todos ustedes! Con la frente en alto, los valores intactos y la certeza absoluta de que vamos a recuperar nuestro país, seguimos caminando juntos. ¡A seguir trabajando, que Chile no puede esperar!

Que Dios Bendiga a Chile.

Ariel Markovits Rojas

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